MILITARES EN ACCION

MILITARES EN ACCION
La lucha contra la dictadura (1973-1988) Tras el derrocamiento del gobierno de Salvador Allende y posterior llegada al poder de la dictadura de Augusto Pinochet Ugarte, el Partido Comunista sufre los embates de su marginación de la vida política nacional, a saber, asesinatos, exilios y torturas de sus militantes por parte de militares y agentes civiles de la DINA(Dirección de Inteligencia Nacional) y otros organismos de inteligencia del gobierno militar.

martes, 24 de mayo de 2011

El contexto histórico en que se desarrolla la película.

La década de los sesentas nos deja un espíritu claramente de revoluciones y ánimos de protestas,  y, una incapacidad por parte de las personas para ponerse de acuerdo... prácticamente en ninguna cuestión. El mundo se remueve y cuestiona constantemente, es una década de connotados hitos históricos como la llegada de Fidel Castro a Cuba, el movimiento geopolítico dentro del mapa, la inquietante y nerviosa Guerra Fría, el comienzo de la guerra de Vietnam, la carrera espacial, las paces dentro de Europa post Guerra Mundial, los movimientos ideológicos como los ocurridos en Francia en el conocido Mayo francés. Los movimientos sociales adquieren, también,  cada vez mayor importancia en América Latina, particularmente en Chile, donde en 1969 un gobierno socialista llegaría al poder por la vía democrática.
En 1970 el candidato socialista por la Unidad Popular, Salvador Allende, llegó a la presidencia de Chile. El  apoyo de los partidos izquierdistas le dio el triunfo por una escasa mayoría, el cual tuvo que ser ratificado por el congreso nacional.
En el entorno político mundial y chileno algunos vieron con mala cara la llegada de Salvador Allende al palacio de la moneda, sede del gobierno chileno. El entonces presidente norteamericano, Richard Nixon, estaba decidido a hacer lo imposible para frenar el crecimiento de políticas de izquierda en América latina. En el contexto de la guerra fría, el jefe de estado norteamericano, estaba convencido que la asunción de Allende era el inicio de una escalada comunista en su zona de influencia, además, Estados Unidos temía por sus acaudalados negocios en Chile. Allende tenía en sus planes nacionalizar la explotación del cobre y los servicios telefónicos, en ambas empresas, Estados Unidos tenía inversiones millonarias que no estaba dispuesto a perder. Ante esta perspectiva, Estados Unidos elaboró una serie de planes para que Allende no llegara al poder, donde actuaron connotados artistas de la manipulación, como por ejemplo la CIA y algunos sectores de la oligarquía chilena. Saldo de estos desesperados intentos fue, por ejemplo, la muerte del jefe del ejército René Schneider.
A pesar del atentado contra Schneider, los intentos de la CIA y del  miedo atroz de la clase alta frente a un gobierno socialista, Salvador Allende fue confirmado por el congreso chileno.
En noviembre de 1970, Allende asume como presidente de la republica y comenzó con su plan de gobierno. Dicto un reajuste del salario mínimo, los sueldos tuvieron un reajuste efectivo del 40%, congeló los precios de artículos de primera necesidad e implementó la distribución gratuita de leche. Allende planteó además una reforma agraria, estatizó la compañía de teléfonos que era manejada por la norteamericana ITT y también estatizo la Banca.
En el curso de un año de gobierno se habían nacionalizado 47 empresas industriales y más de la mitad del sistema de crédito. La reforma agraria expropio e incorporo a la propiedad social 2.400.000 hectáreas de tierras activas, el proceso inflacionario se moderó y se consiguió el pleno empleo. Las primeras medidas de carácter populista y la imagen de cambio social que aseguraba Allende, dieron su fruto en las elecciones municipales de abril de 1971, aumentando a más de un 50% la representación de la Unidad Popular. En este contexto la UP nacionalizo el hierro, el carbón y el cobre.
En medio de la primavera socialista, el poeta chileno, Pablo Neruda, recibió en 1971 el premio nobel de literatura, transformándose así en un icono de la intelectualidad izquierdista. Fue asignado embajador de Francia.
Al ver como Allende cumplía con sus promesas, la derecha chilena y E.E.U.U. vieron como sus intereses eran vulnerados, esto produjo que Nixon lanzara un bloque político y económico internacional, desde 1970 hasta 1973. A raíz del aislamiento diplomático del cual fue víctima Allende, este empezó a establecer lazos fuertes con otras figuras del ambiente político internacional. Uno de los más representativos fue el acercamiento con el líder cubano Fidel Castro, quien visitó Chile en Noviembre de 1971 y extendió su visita durante un mes, recorriendo el país y disertando sobre el socialismo y su proceso en Chile.
Salvador Allende gobernaba Chile con casi toda la maquinaria empresarial en contra; la CIA además proporcionó un millón y medio de dólares al diario “El Mercurio”, en una operación que, según documentos desclasificados más tarde, jugó un papel significativo en preparar la escena para el golpe militar del 11 de Septiembre de 1973.
Agentes encubiertos de la agencia de inteligencia norteamericana se acercaron a oficiales chilenos descontentos y se empezó a crear propaganda falsa donde se insinuaba que la izquierda chilena planeaba apoderarse del control de las fuerzas armadas y poco a poco la desestabilización llegó a las calles. Ante el vaciamiento que comenzaba a notarse en los supermercados, el 2 de diciembre de 1971 se organizo la marcha de las cacerolas, una protesta de mujeres en contra del desabastecimiento y en contra del gobierno en general.
A mediados de 1972 la difícil situación económica hacia insostenible el funcionamiento del país. Algunas mercaderías básicas desaparecían de almacenes y reaparecían en puestos clandestinos de venta donde se centuplicaba su valor oficial. Las JAP (junta de abastecimientos y control de precios, herramienta popular instaurada por el gobierno para velar por la buena distribución de productos y control de sus precios), no lograban resolver el problema. La distribución continuaba con inconvenientes porque la mayoría de los propietarios de los transportes actuaban desde la oposición. El 10 de octubre de 1972, la confederación de dueños de camiones inicio una huelga nacional, esta fue motivada en el rechazo al proyecto del gobierno de crear una compañía estatal de trasporte. Pronto se plegaron el comercio y la pequeña industria, los médicos y los empleados bancarios. El paro de octubre fue seguido cuidadosamente por los agentes infiltrados de la CIA y por la oposición que dio apoyo económico a los huelguistas; de otra manera ningún gremio podría haber soportado una medida tan feroz, que como saldo provocó la pérdida de un millón de dólares. Para atenuar el caos, partidarios de la Unidad Popular hicieron trabajo voluntario tratando de palear las deficiencias en el abastecimiento producidas por la huelga. Su esfuerzo fue en vano, el plan conspirador había avanzado lento, sinuoso y oculto como un cáncer descontrolado.
Seis meses antes del bombardeo al palacio de la moneda, el pueblo chileno se enfrenta al proceso de elecciones parlamentarias. Las fuerzas políticas se encuentran divididas en dos bloques. Por un lado está la oposición compuesta por los partidos: demócrata cristiano y nacional. Por el otro los partidos de izquierda agrupados en la Unidad Popular, que apoyan un parlamento para Salvador Allende.
Para la izquierda, esta es la primera votación con todas las fuerzas oponentes, desde el triunfo del 70. Es también, la oportunidad para medir su fuerza al cabo de dos años y medio de boicot económico impulsado por Washington y la oposición interna.
Al conocerse los primeros resultados, el ministro del interior, General Carlos Prats, asegura las máximas garantías de limpiezas para todos los sectores, sin embargo, antes de concluirse el recuento, algunos medios proclaman el triunfo de los partidos opositores, omitiendo que más del 40% de los votos son de la izquierda, y la oposición, que nunca dudo de su triunfo, salió a las calles a festejar el fin de la Unidad Popular.
Pasada la media noche, los resultados siembran el desconcierto en la oposición. El número de votos con que soñaban se esfuma en un fracaso, y la unidad popular no solo no disminuye su apoyo electoral, sino que lo aumenta. Sin aceptar los cómputos un sector de la oposición habla de “fraude electoral” y saca sus fuerzas de choque a la calle. Días más tarde el tribunal calificador de elecciones, controlado por la oposición, confirma los resultados oficiales. Los partidos oponentes quedan lejos de alcanzar los dos tercios que necesitaban para destituir a Salvador Allende. La unidad popular sube al 43.4%, aumentando así su número de parlamentarios, obteniendo así un apoyo sin precedentes al cabo de 2 años y medio de mandato. Para la oposición, el juramento de los diputados, marcará el fin de la etapa electoral. De ahora en adelante, la Casa Blanca y la oposición comprenden que los mecanismos de la democracia ya no les sirven. Los votos que obtiene la coalición de gobierno demuestran que en Chile los anhelos de cambio no han retrocedido, a pesar de los millones de dólares que ha invertido el gobierno norteamericano.
Después de marzo de 1973, la estrategia de la oposición democrática será, paradójicamente, la estrategia del golpe de estado, avalada por una serie de conflictos institucionales y de boicots, los cuales aparecían contra cualquier iniciativa emprendida por la Unidad Popular.
Los conflictos institucionales por si solos no son suficientes para justificar un golpe de estado, también es necesario provocar la violencia y el caos social. Este es el objetivo principal de organizaciones de oposición como el grupo Patria y Libertad. Así también, el caos social se acentuará por los sucesivos paros, marchas y movilizaciones colectivas de distintos sectores de la sociedad, ya sean a favor o en contra del gobierno.
La efervescencia popular y la evidente polarización social alimentan el espíritu del enfrentamiento civil, espíritu que se deja caer sobre la sociedad chilena.
Luego viene el destacado protagonismo de las secciones castrenses, por ejemplo en el denominado Tanquetazo, donde se deja en claro la ambigüedad de los mandos mayores frente a su deber de defender la constitución de la republica.
El 11 de Septiembre de 1973 se da la estacada final del gran plan conspirador. Las fuerzas militares atacaban el palacio de la moneda, acabando abruptamente con la vía chilena al socialismo, y cambiando drásticamente la cultura del “Poder Popular” por la cultura del “Terror y la Opresión”.

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